EL CANTOR DE MI CIUDAD
Por Osvaldo Rossler
Señor de la canción porteña,
de la ciudad que continúa
considerándote su ídolo
no vengo a repetir tu nombre,
ese que se ha identificado
con una de las devociones
más entrañables de mi pueblo,
no vengo, no, ni a reclamarte
porque el estado de nostalgia
tiene su ardor, su propia ley
entre las cosas del olvido,
se satisface con la ausencia
no con la pena de tu muerte.
Pasan los años y es vano,
la imagen crece de tu voz,
pasan y agravan tu recuerdo,
pasan y el canto te devuelve
perenne condición de vida.
Cada uno de nosotros pone
su juventud para escucharte
por eso es tan hermoso oírte
y es a la vez tan desolado.
Otros llegaron y se fueron
otros vendrán y serán tu eco
¿quién te podría reemplazar
en este extraño sentimiento
de estar cantando desde antaño
con una voz y una conciencia
que siendo tuya es la de todos?