LA LEXICOGRAFIA LUNFARDA EN EL TANGO Y SU ETIMOLOGIA PROBABLE

El lenguaje se impone y no es posible escapar de él… no podemos evitar hablar ni tampoco hacerlo con palabras que no sean las impuestas por su inexorabilidad.
Todos hablamos, y el habla da mucho que hablar. En forma permanente los grupos humanos incorporamos palabras y expresiones. Creamos términos y recreamos el lenguaje basándonos en su principal virtud: el ser una cosa viva.

Según T. A. Van Dijk, «las relaciones importantes entre oraciones deben buscarse en el nivel semántico».(1)
Una vez que se comparte el sistema de reglas que permite interpretar expresiones de una gama sin límites, se desarrolla el proceso por el cual los componentes de una sociedad se influyen mutuamente.

Generalmente, es tal la velocidad evolutiva del habla que hay que correr para mantenerse bien informado (o, como dirían los jóvenes, reinformado).
Por otra parte, a través de las interrelaciones sociales a lo largo del tiempo, resulta sorprendente que lo que consideramos más actual en el léxico profano de nuestra urbe se entronque con el tradicional lunfardo, y de él tome numerosas expresiones. Así, por ejemplo, «quía» (apócope de ese que está aquí), «trucho», «ortiba» y los tan extendidos «chabón» y «bancar», entre otras.

El lunfardo, la jerga del delito, ha pasado a la lengua oral y también a la lengua escrita a través de la poesía (2)y de las letras de tango, las cuales permitieron la difusión masiva de numerosas voces a lo largo del tiempo.
Uno de los tangos más rico en vocabulario lunfardo es «El ciruja»,(3) cuyo autor es Alfredo Marino, quien lo compuso en 1926:

Como con bronca y junando
de rabo de ojo a un costado,
sus pasos ha encaminado
derecho pa’l arrabal.
Lo lleva el presentimiento
de que en aquel potrerito
no existe ya el bulincito
que fue su único ideal.
Recordaba aquellas horas de garufa
cuando minga de laburo se pasaba,
meta punga al codillo escolaseaba
y en los burros se ligaba un metejón.
Cuando no era tan junao por los tiras
la lanceaba sin tener el manyamiento,
una mina le solfeaba todo el vento
y jugó con su pasión.
Era un mosaico diquero
que yugaba de quemera,
hija de una curandera,
mechera de profesión.
Pero vivía engrupida
de un cafiolo vidalita
y le pasaba la guita
que le shacaba al matón.
Frente a frente y dando muestras de coraje
los dos guapos se trenzaron en el Bajo,
y el Ciruja que era listo para el tajo,
al cafiolo le cobró caro su amor...
Hoy ya libre ’e la gayola y sin la mina
campaneando un cacho ’e sol en la vereda,
piensa un rato en el amor de la quemera
y solloza en su dolor.

En una lectura ingenua, el campo semántico es claro: se trata de un triángulo amoroso con un desenlace trágico. También se evidencia su estructura circular.
La comprensión se debe a que buena parte de su léxico se mantiene en uso: ciruja, bronca, potrero, bulín, minga, metejón, tira, mina, cafiolo, cacho, achacar, ligar. Pero un cercamiento más profundo, basado en el estudio etimológico, enriquece sus valores expresivos.

Investigaciones

Primera estrofa

Aquí encontramos el sustantivo bulincito. El bulín es el cotorro, es decir una habitación donde se vive o duerme, también destinada para citas amorosas. Proviene del italiano jergal «bolín» y «bulín»,que significa cama.
El vocablo junando se refiere a la acción de observar fijando deliberadamente la vista en un objeto, y, más aún, acechar, mirar penetrando intenciones.
No obstante, «junando de rabo de ojo» es una frase que se utiliza para indicar que se está mirando disimuladamente, de reojo. Con respecto al origen, deriva del caló «junar», cuyo significado es escuchar. 

Segunda estrofa

El sustantivo garufa alude a farra, juerga, fiesta. Lo que el ciruja recordaba eran sus tiempos de diversión. Este vocablo posee un origen incierto.
Laburo, en la jerga del delito, tiene connotación de ocupación ilícita. Gobello sugiere que este términoproviene del verbo «laborare», del italiano,con influencia genovesa. A. de Santillán concuerdaen cuanto que proviene del italiano, pero él afirma que lo hace a través de la forma dialectal siciliana «laburu».
Todos conocemos el significado de punga, robo de dinero —es decir, vento, guita— o de otros efectos personales, que se perpetra en los bolsillos de la víctima. Gobello postula que «punga» es una palabra italiana de los dialectos del sur (posiblemente de origen griego) cuyo significado es bolsillo. Santillán cree posible que sólo se trate de una metátesis de pugna, dada la modalidad peculiar del delito, así como del adjetivo magno ha surgido mango. Además agrega que el verbo punguiar deriva del sustantivo, aduciendo que no aparece en los textos sino con posterioridad.

El codillo es una variante del juego del tute. Proviene del español «codillo», que significa probabilidad de perder.

Con respecto a tira, Gobello opina que tiene su origen en el italiano jergal, con el mismo significado que conocemos.

Manyamiento significa reconocimiento, comprobación de la identidad de los reos, que practican las autoridades policiales, para que los identifiquen en su oportunidad. Gobello propone que viene del italiano jergal «mangiament», con el mismo significado.

En cambio Santillán opina que deriva del verbo «mangiare».

En lo referido a la etimología de mina, Gobello sostiene que proviene del italiano jergal. Santillán nos muestra dos posturas; la primera es la de Garzón, quien postula que puede ser la voz castellana «mina» tomada en sentido figurado, para significar cualquier actividad o negocio que proporcione mucha utilidad. La otra postura es la que asume Malaret, quien piensa que mina deriva de la jerga italiana de los camorristas, en la cual esta voz significa justamente «donna» y «miniera», es decir, prostituta joven y hermosa.

El vento es el dinero, la viyuya, el morlaco. Tiene su origen en el bajo genovés, con el mismo significado.

La forma verbal escolasear significa participar en un juego de azar, en este caso de naipes, el codillo, apostando dinero. Se supone que proviene de la giria (lenguaje del bajo fondo de Río de Janeiro), de «socola», cuyo significado es garito, casa de juego.

Ligar expresa la idea de conseguir. Para Gobello el «ligarse un metejón» connota endeudamiento; en otras palabras, el ciruja se endeudó por apostar en el codillo y en las carreras, tirando a la marchanta todo lo que había punguiado. Encontramos su origen en el castellano «ligar», que es cuando, en ciertos juegos de naipes, se juntan dos o más cartas para realizar una combinación.

Lancear es sinónimo de punguiar «tirando la lanza ». Lanza alude a una suerte de pinza, compuesta por los dedos índice y pulgar, con lo cual se sustraen los objetos del bolsillo. Proviene del español.

Achacar es una forma cacográfica de «shacar», cuyo significado apunta a robar mediante engaños  - metiendo cuentos - de una manera disimulada.Proviene del genovés «sciaccâ», que significa perjudicar.

Minga es una interjección que expresa negación. Proviene del milanés y véneto, significa no.

Meta es una exclamación empleada para significar que se emprende algo con decisión. Gobello propone su origen en el castellano «meter», inducir a uno a determinado fin. Santillán sugiere que «meta» es la tercera persona del singular del verbo meter en modo imperativo, convertida en interjección por el uso.

El participio junado («Cuando no era tan junao por los tiras») apunta a que el ciruja no era conocido por los pesquisas como ladrón, es por esto que podía lancear cómodamente, porque no tenía el manyamiento.

Tercera estrofa

Mosaico es una deformación de la voz «moza», muchacha joven. Gobello y Santillán coinciden en que se dio por juego paranomástico con el vocablo castellano «mosaico», obra tareceada de piedras y vidrios.

Cafiolo, según Gobello, es un término que se produjo por el cruce entre «canflinflero» y «fiolo» (jovencito). En cambio Santillán sugiere que es una variante de «cafisho», con intención de eufemismo.

Ambos concuerdan en que significa proxeneta. Se considera que guita resulta del castellano familiar «guita» con el mismo significado que conocemos.

Yugar - es decir, trabajar- deriva del español «yugo», instrumento de madera para uncir una yunta de bueyes.

Afirma Gobello que el vocablo quemera era empleado en Uruguay para denominar a la planchadora, oficio que en aquella época se desempeñaba con plancha apoyada en carbón, por lo que más de una vez las prendas quedaban quemadas. Quien vive engrupido es alguien a quien estafan, engañan, aturden. Se relaciona directamente con el término «grupo», cuyo significado es embuste y su etimología incierta.

Acerca del término vidalita, sugiere Gobello que no significa nada y que el autor lo utilizó por la mera necesidad de una rima en «ita». Sin embargo, si atendemos al olfato inconsciente de un poeta en su búsqueda de terminología, podemos sospechar una asociación con «vida», en el sentido coloquial de «el que vive a alguien» (es decir, el vividor).

Cuarta estrofa

El sustantivo gayola significa cárcel. Gobello afirma que, aunque el castellano familiar no desconoce este término con esta acepción, es probable que el porteño lo haya tomado del portugués «gaiola» (es decir, jaula).

El término campanear significa observar, espiar. Proviene del italiano jergal «campane» (orejas) por vía del genovés «stâ de campann-a» (hacer la guardia).

«Campaneando un cacho’ e sol en la vereda» refuerza la imagen de que el personaje acaba de salir de la cárcel. Y además espía con timidez porque ha pasado mucho tiempo. Va a su habitación y encuentra sólo un potrerito —como si CLIBA se lo hubiera llevado todo—, y entonces está pispiando dónde hay un rayito de sol para acomodarse, para cobijarse.

Por último, pasemos a la voz ciruja. Tanto Gobello como Santillán postulan que ciruja es apócope de «cirujano», por alusión burlona a los huesos que recogían para comerciar, los cuales tenían diversos usos industriales, ya que con ellos se fabricaban peinetas y filtros entre otras cosas. En vista de tales antecedentes, advertimos a los estudiantes de Letras que no se trata de utilizar el lunfardo en cada momento de nuestra vida, pero la situación planteada por este tango perdería totalmente su intensidad expresiva si se expusiera en  una lengua coloquial o culta.

(1) Van Dijk, Teum A., Estructuras y funciones del discurso, Madrid, Siglo 21 Editores, 1997.
(2) Carlos de la Púa, La crencha engrasada.
(3) Según Guillermo Ara, profesor de literatura argentina de la Universidad de Buenos Aires ya fallecido

Para el estudio etimológico nos hemos basado en: Gobello, José, Nuevo diccionario lunfardo, Buenos Aires, Corregidor, 1999; y en Abad de Santillán, Diego, Diccionario de argentinismos, Buenos Aires, TEA, 1991; y en datos aportados por José Gobello en una entrevista personal.

Cecilia Gliata